¿Sigue España siendo un Estado a
medias, inacabado? El historiador Francisco
Martínez Hoyos respondió a esta espinosa cuestión en la revista Anatomía
de la Historia que dirijo con un artículo demoledor, que dice, entre
otras cosas:
En los últimos años, la
historiografía ha insistido en el
supuesto fracaso de la nacionalización en España. Esta hipótesis, en
realidad, constituye una variante de una vieja teoría, la del fracaso de la
burguesía: la modernización no se había completado porque los burgueses no
cumplieron con la misión que les asignaban los teóricos marxistas. Ahora, en
cambio, sería la nación la culpable de que no seamos lo que deberíamos ser.
Como si la realidad tuviera la obligación de ajustarse a las definiciones de los
pensadores. Así, se busca un intangible “ser de España” como si el mismo
significante no pudiera tener diversos significados en función de la época, a
la vez que mantiene un lazo de continuidad entre sus distintos periodos.
¿Un país por construir? Antoni Rovira i Virgili lamentaba la
situación de Cataluña a principios del siglo XX, con un edificio nacional que a
él le parecía en ruinas. La gente, por ejemplo, conocía mucho más a los
clásicos castellanos que los catalanes. Lo mismo sucedía con los autores contemporáneos:
Verdaguer o Maragall no podían
competir en fama con un Campoamor o
un Zorrilla. ¿Tenía razón Rovira? Si
la respuesta es afirmativa, hay que concluir que la nacionalización española
fue más intensa y exitosa de lo que a veces se pretende. Si estaba equivocado,
debemos aceptar que exageró su discurso para refugiarse en la comodidad del
victimismo, puesto que España, al ser un Estado débil, no podría tener una
presencia invasiva como la que él describe.
Supongamos que los defensores de la
teoría del fracaso están en lo cierto. ¿En
qué habría fallado España? ¿En no tener un país tan centralizado como la
jacobina Francia? Esta línea de argumentación nos lleva a una conclusión
extraña: estaríamos diciendo que nuestra diversidad actual, una fuente indiscutible
de riqueza, sería, en realidad, el fruto de nuestra incapacidad para
homologarnos con estados más modernos. ¿Cómo es posible que una realidad
positiva pueda ser el resultado de una limitación?
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