Terrorífica la serie sobre el nauseabundo Roger Ailes, fundador de
Fox News y uno de los facilitadores del ascenso del impresentable Donald Trump.
Magnífico Russel Crowe, transformado íntegramente para ser el protagonista de La voz más alta (The Loudest Voice), una serie de siete horas de duración que te
deja temblando tras haber mirado a la bestia a la cara y haber reconocido a sus
monstruosos acólitos.
The Loudest
Voice, la serie estadounidense emitida este año 2019, ha sido creada por Thomas
McCarthy y Alex Metcalf, quienes han dirigido algunos de sus episodios,
como Kari Skogland, Stephen Frears y Jeremy Podeswa, y ha sido escrita por McCarthy
y Metcalf, junto a Laura Eason, John Harrington Bland, Jennifer Stahl,
adaptando el documentadísimo libro, un auténtico trabajo de investigación
periodística y de un incalculable valor moral y sobre todo histórico, escrito
por Gabriel Sherman, y aparecido en su primera edición en 2014, titulado
The Loudest Voice in the Room: How the
Brilliant, Bombastic Roger Ailes Built Fox News and Divided a Country.
Sobre la soberbia interpretación de Russell Crowe no puedo decir
gran cosa, dado que no conozco al biografiado a quien interpreta, pero sí tengo
la sensación de que ha creado una perturbadora figura que responde cinematográficamente
al personaje miserablemente poderoso (imbécil pero capaz de comunicar los más
bajos y simples instintos, fortalecerlos y dispersarlos como la incomprensible
patraña que extendió por todo el mundo) que cuentan que fue el peligrosísimo
Ailes. Junto a él, destacan sobremanera las actrices Naomi Watts y Sienna
Miller.
Leo en Filmaffinity las
críticas que diversos medios, todos estadounidenses, han escrito respecto de la
serie producida por Russel Crowe, en absoluto favorables. Incomprensibles
críticas que me dejan estupefacto o, mejor dicho, que me ratifican en algo que
nunca hemos de perder de vista cuando escribimos o leemos una valoración sobre
las creaciones de los demás: primero las intentamos apreciar, esas creaciones,
digo, y luego justificamos porqué nos han parecido detestables, por qué nos han
encantado o por qué nos han dejado indiferentes. Y siempre, siempre, todo
depende de las expectativas a las que enfrentemos esas obras, unas expectativas
que no siempre coinciden con las de quienes las crearon. Porque, primeramente,
hay que detectar cuáles son las intenciones de los artistas.
Daniel
Fienberg, de The Hollywood Reporter,
nos suelta que The Loudest Voice “no
tiene chispa”. Daniel D'Addario escribe en Variety que “adolece de aquello que debería ser su centro de
atención: el estilo agresivo, ingenioso y cruel que ha llevado, aún a día de
hoy, a Fox News a ser un plato de consumo tóxico tan apetecible para muchos
espectadores."
Merrill
Barr, de Forbes, la achaca que "no
aporta nada nuevo a la conversación”; Hank Stuever se luce en The Washington Post al ver en ella “planos
apresurados, llenos de comportamientos repulsivos y sin nada significativo".
Planos llenos de comportamientos
repulsivos. ¿Y qué esperaba, maravillas detrás del depredador moral que es
Ailes? Stuever se dice decepcionado. Lo entiendo. Lo que no entiendo es qué
esperaba de la serie, cuáles eran sus expectativas.
Menos mal que James Poniewozik dejó escrito en The New York Times que la serie de Thomas
McCarthy y Alex Metcalf “es directa, condenatoria y tan sutil como las noticias
de Fox", porque si no yo creería que había sido vilmente engañado por una
producción en la que Crowe parece que se ha comido, literalmente, a Crowe.
Me quedo con Charles Bramesco y su ¿crítica? para The Guardian, donde leo que “toda la
serie parece un peluquín malo".
Y ya. Volviendo a Crowe… Caryn James consideró para la BBC que “es una prueba de que un buen
actor disfrazado nunca es suficiente”; y David Fear, en Rolling Stone, sentenció: "Al verla
tienes la sensación de que te están gritando (...) Es mejor considerarla como
un vehículo para Crowe”.
Hazme caso. No les hagas caso.
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