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Robot dreams y el arte cinematográfico


Año 2023. Una película española de dibujos animados es nominada a los Premios Oscar como Mejor largometraje de animación, sin éxito, pero sí alcanza en los Premios del Cine Europeo el de Mejor película de animación y en los Goya el de Mejor guion adaptado y el de Mejor film de animación (además de varios premios Platino, Gaudí, Feroz y Forqué). Es excelente, una pequeña obra de arte de unos cien minutos de duración, se titula Robot dreams, es el cuarto largometraje escrito y dirigido por el cineasta Pablo Berger (el primero suyo de animación) y está basado en la primera novela gráfica homónima de la dibujante y guionista de cómics estadounidense Sara Varon, de 2007, que constaba de 208 páginas, fue traducido a mi idioma quince años después y no tiene nada que ver con el libro de cuentos con el mismo título, de 1986, escrito por Isaac Asimov.


Esta hermosa historia muda sobre la amistad y la pérdida y la soledad y tantas cosas más (que cuenta con la preciosa música de Alfonso de Vilallonga) está contada con un sentido del humor y con un cariño excelentes, tan humanos que no parece estar protagonizada por animales y robots. Coincido plenamente con la crítica cinematográfica de El País Elsa Fernández-Santos, cuando dice de ella que es “muda, tierna, sabia, adulta e infantil: dicho así parece fácil, pero Robot dreams es un logro artístico complejo, una película de animación que remite a personajes de trazos sencillos y a emociones puras y profundas”.

FilmAffinity tiene a Robot dreams como la número 24 de las Mejores comedias españolas y la 85 de las Mejores películas españolas.

Yo la disfruté como solamente se disfruta cuando al entretenimiento propio del cine se añade la categoría artística en modo alguno solemne.

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